AEDH HABLA DE LA BELLEZA PERFECTA, W. B. Yeats
Oh, párpados de palidez como de nubes,
ojos que el sueño ha vuelto opacos, los poetas
trabajan cada día en pos de construir
la belleza perfecta con rimas; sin embargo
todo lo vence una mirada de mujer
y la progenie ociosa de los cielos: por eso
mi corazón se va a inclinar, cuando el rocío
sean gotas de sueño y hasta que Dios incendie
el tiempo, ante los astros ociosos y ante vos.
Mi día es desordenado y absurdo:
al pordiosero le pido pan,
al rico le ofrezco una limosna,
enhebro en una aguja – un rayo,
al ladrón confío – la llave,
con cascarilla doy color a mi pálido rostro.
El pordiosero no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no entra por la aguja.
El ladrón entra sin llave,
y yo, tonta, me deshago en lágrimas-
por un día vano e inútil.
Semana Tsvietaieva en la Biblioteca Nacional, hasta 18 de noviembre.
LA MUJER PARECIDA A MI, Felisberto Hernández
Hace algunos veranos empecé a tener la idea de que yo había sido caballo. Al llegar la noche ese pensamiento venía a mí como a un galpón de mi casa. Apenas yo acostaba mi cuerpo de hombre, ya empezaba a andar mi recuerdo de caballo.

Fue en el verano de su duodécimo año cuando Peter empezó a darse cuenta de lo diferentes que eran el mundo de los niños y el de los adultos. No podía decirse exactamente que los padres nunca se divirtieran. Salían a nadar, pero nunca más de veinte minutos. Les gustaba jugar al voley, pero sólo durante una media hora. De vez en cuando era posible convencerlos para jugar a la escondida, a atraparse o para construir un castillo de arena gigante, pero eran ocasiones especiales. El hecho era que, si se les daba la mínima posibilidad, preferían dedicarse a una de estas tres actividades en la playa: sentarse y hablar, leer el diario y libros o dormir. En la playa a menudo miraban el reloj y, mucho antes que nadie tuviera hambre, empezaban a comentar que ya era hora de empezar a pensar en el almuerzo o la cena.
Se inventaban mandados: ir a buscar al hombre que vivía a medio kilómetro de distancia para que arreglara algo, al taller del pueblo o a la ciudad cercana en expediciones de compra. Volvían quejándose del tráfico que había en vacaciones, pero, por supuesto, ellos eran el tráfico de las vacaciones.
Peter se dio cuenta de que gran parte de los adultos no podía empezar tranquilamente el día hasta que habían subido al coche para ir a comprar el diario, un diario concreto. Otros no podían pasar el día sin cigarrillos. Otros tenían que aprovisionarse de cerveza. Siempre se necesitaba algo más, y se hacían promesas de ir a buscarlo al día siguiente -otra silla plegable, champú, ajo, anteojos de sol, colgadores para la ropa-, como si las vacaciones no pudieran disfrutarse, no pudieran siquiera empezar, a menos que se reunieran todos esos artículos inútiles.
Fragmento de “El adulto”, último relato del libro cuya tapa se ve más arriba.

CARTA A ANNIE ROGERS
Oxford, 1867
Mi querida Annie:
Esto es verdaderamente terrible. No tienes idea de lo apenado que me siento al escribirte. Tengo que usar un paraguas para evitar que las lágrimas caigan sobre el papel. ¿Que viniste ayer para que te fotografiara? ¿Y que te enojaste mucho porque yo no estaba allí? Bien, lo que ocurrió fue esto. Salí de paseo con Bibkins, mi querido amigo Bibkins… nos fuimos a muchos kilómetros de Oxford, cincuenta, cien digamos. Atravesábamos un campo lleno de ovejas cuando un pensamiento cruzó mi mente, y solemnemente pregunté: “Dobkins, ¿qué hora es?”. “Las tres” dijo Fipkins, sorprendido por mi comportamiento. La lágrimas corrieron por mis mejillas. “Esta es
Cuando me haya recobrado un poco de la conmoción, y haya pasado unos pocos meses a orillas del mar, te visitaré y convendremos otro día para que te fotografíe. Estoy demasiado débil para escribir esta carta yo mismo, así que Zupkins la escribe por mí.
Tu miserable amigo,
Lewis Carroll
CARTA A MARY MACDONALD
Oxford, 23 de mayo de 1864
Mi querida niña:
Hizo un calor tan espantoso aquí, que estuve demasiado débil para sostener la pluma, y aunque hubiera podido sostenerla, no tenía tinta: se había evaporado toda en una nube de vapor negro, y en ese estado se la pasó flotando por el cuarto, entintando las paredes y el techo hasta que resultó difícil distinguirlos. Pero el día de hoy es más fresco, y un poco de tinta volvió al tintero en forma de nieve negra; pronto tendré suficiente para escribir y ordenar esas fotografías que quiere tu mamá.
Este tiempo caluroso me pone muy triste y malhumorado: hay momentos en que me cuesta mucho conservar la calma. Por ejemplo, recién vino a verme el Obispo de Oxford; fue una cortesía suya visitarme, no quería hacerme daño, pobre hombre; pero su llegada me exasperó tanto que le arrojé un libro por la cabeza, con lo cual temo haberlo lastimado bastante (Nota: esto no es absolutamente cierto, así que no necesitas creerlo). No te apures tanto a creer la próxima vez, te diré por qué: si te pones a creer todo, se te cansarán los músculos creedores de la mente, y entonces quedarás tan débil que no serás capaz de creer la más simple de las cosas ciertas. La semana pasada nomás, un amigo mío se puso a creer en Jack Matagigantes. Consiguió hacerlo, pero quedó tan exhausto que cuando le avisé que llovía –lo cual era cierto–, no solo no pudo creerlo, sino que se precipitó a la calle sin sombrero ni paraguas, a consecuencia de lo cual se empapó el cabello, y uno de sus rulos no recobró la forma correcta hasta casi dos días después (Nota: me temo que algo de esto no es del todo cierto). (…)
Con mis cordiales saludos para tu papá y mamá, y amor para ti y los otros niños, sigo siendo
Tu afectuoso amigo
Charles L Dodgson
A lo largo de su vida, el matemático, fotógrafo y escritor CL Dodgson, más conocido como Lewis Carroll, intercambió cartas con distintas niñas, a las que también fotografió. La correspondencia y algunas de esas fotos están incluidas en el tomo Los libros de Alicia (Ediciones de la Flor).
EL OPTIMISMO HISTORICO
Yo sé que todo cambia,
que nada se detiene,
ni un árbol se detiene
y aún la piedra es viajera.
La soledad no existe.
El mundo es compañía.
Ni la muerte está sola.
Todo lo que es, es lucha.
Soy inmortal, pues paso.
Sólo la estatua queda.
¡Y aun ella se mueve!
En vano os empeñéis
en detener la historia.
¡Sé que llegará un día!
También lo sabe el sol.
MANUAL DE URBANIDAD PARA JOVENCITAS, Pierre Louys
En la mesa
No coja dos mandarinas a fin de añadirle unos cojones al plátano.
En clase
Si le dicen que el hombre se distingue del mono en que aquél no tiene rabo, no afirme que sí tiene.
En el baile
Una niña bien educada no orina en el piano.
En la playa
Si escribe obscenidades en los tabiques de la cabina, no las firme con el nombre de la señora que la precedió.
Deberes para con su padre
Si su señor padre, enfurecido, le dice: “¡No eres mi hija!” No le responda entre carcajadas: “¡Hace mucho que lo sabía!”.
Pierre Louÿs (1870-1925), Manual de urbanidad para jovencitas. Extractos del manual que Louÿs publicó en 1917. Tomado del blog de Eduardo Berti, donde pueden leerse algunos consejos más.
¿Por qué jugás tanto con las palabras?
Todo el mundo juega con las palabras: los escritores, los abogados, los filósofos, los gobernantes, las telefonistas, los relatores de fútbol... Lo único que cambia de una persona a otra son las reglas, o el nombre del juego... Hay algunos juegos que son tan viejos y están tan difundidos que muchos se olvidan de que es un juego, o creen de buena fe que ese juego se llama hablar en serio, sin jugar.
Nombrame un disco, un libro y una película que llevarías a una isla desierta.
Hay muchos discos, libros y películas que yo llevaría a una isla desierta para dejarlos ahí para siempre, porque son una vergüenza para la sociedad... Podríamos agarrar una isla desierta y usarla como un gran basural.

La vaca es el animal más extraordinario que existe. Nos la comemos con patatas, hace bonito en el campo y es fuente de inspiración para artistas y poetas. Uno de los estómagos de la vaca se llama libro, y no debe extrañarnos, porque el libro es el segundo animal más extraordinario. Lo manchamos de salsa, hace bonito en las estanterías y a través de él nos llegan regularmente las ocurrencias de artistas y poetas.
La vaca es un rumiante: se traga el alimento para más tarde devolverlo a la boca y masticarlo con tranquilidad. Exactamente de esa forma se deberían leer los libros: volviendo a ellos en diferentes ocasiones y masticándolos a fondo para asegurarnos una digestión placentera.
Los niños aprenden con los libros, pero también con las piedras, las moscas, las hormigas y las arañas. Aprenden con todo. Aprenden jugando. Y no se cansan de aprender. Por eso es absurdo que existan libros aburridos y que se pierda el tiempo con ellos en lugar de dedicarlo a observar a los escarabajos peloteros. Algunos de los más aburridos están hechos por gente con mentalidad de sastre que cree que los libros para niños deben ser como los trajes para niños: varias tallas más pequeños. La mirada inocente del niño nada tiene que ver con los pantaloncitos. Si no se entiende todo, ¿qué más da? Pocos adultos pueden explicar por qué vuelan los aviones y sin embargo no tienen miedo a viajar en ellos.
A excepción de los que se hacen para idiotizar, cada libro contiene el fragmento de un plano del tesoro (o al menos así se decía antes). Sólo cuando reunamos todos los pedazos seremos capaces de descifrar ese secreto que parece tan bien guardado. A veces uno se toma su tiempo. No es raro empezar a leer a los 7 años y ver que a los 77 seguimos con el mismo libro entre las manos.
Texto de presentación de la editorial española Mediavaca

VIDAS IMAGINARIAS. Im only sleeping
Mi amigo Hernán me invitó al colegio Nere Echea de Lanús donde imparte un ecléctico, creativo y dedicado taller de escritura para alumnos de primero a tercer año.
Me regalaron un gran tema de los Beatles y una serie de biografías imaginarias de mi persona, que Hernán les pidió a los chicos que escribieran antes de mi visita.
Acá algunos ejemplos:
N. Schuff es un reconocido escritor de cuentos y novelas nacido en San Juan. Tiene ascendencia eslovena y griega. Decidió que iba a ser escritor un día que estaba depresivo mal y empezó a descargarse escribiendo en una servilleta.
Le gusta podar bonsáis, toca la flauta traversa, el theremín y la mandolina. Usa sandalias y ropa floja. Es despreocupado y muy apegado a su mamá. Le gusta coleccionar chicles de colores y mechones de pelo de las minas que lo dejaron. Tiene una nariz prominente, ojos azules y grandes y una barba muy larga de la que cuelga una trencita onda Johnny Deep en Piratas del Caribe.
Le gustan mucho los animales, tiene una iguana, un gato y un par de peces. Le gusta todo lo que tenga que ver con Sai Baba, es su ídolo. Vive en un estado de tranquilidad.
*
N. Schuff nació el 23/06/54. Pasó toda su infancia en la ciudad de Saavedra. Nació en el inodoro cuando su mamá fue al baño. A los cinco años lo chocó un colectivo y quedó un año en coma. En la primaria lo cargaban porque era gordo y de rulos. A los once robó su primera billetera, de ahí en más todos los días robó una nueva (o a veces dos); tenía de todos los colores y formas hasta que llenó todo su ropero de la ropa.
Cuando tenía quince años tuvo su primera novia, era igual que él, drogada, gorda, con granos y lentes. Cuando tenía veinticinco años escribió su primer libro y ganó mucha plata. A los veintiséis escribió otro libro mucho más exitoso pero lo acusaron por robo de ideas.
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N. Schuff nació en 1977. Se desconoce dónde nació, sólo se sabe que fue abandonado abajo del Puente Pueyrredón. Se crió viajando por distintos países colándose en los aviones. En uno de sus viajes rumbo a Tokio decidió quedarse a vivir allí porque conoció a una china llamada Chu-Chi-Ki-To.
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N. Schuff, pariente de Carlitos Balá, primo hermano de su padre. Vive solo en un departamento casi vacío, en verdad lleno de cosas innecesarias, sus únicos amigos son su potus de hojas brillantes bien verdes y su gato negro Michum. Vive descalzo, con medias blancas, con el pecho peludo y pantalones cortos. Camina por su casa, sobre su mesa de luz un anotador donde anota sus ideas. Se la pasa con las luces apagadas y deja una hendija para que pase la luz del sol. Una vida bastante aburrida, pero a veces se topa con bastantes noticias de maravillas o también de espanto…
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LOS PECES, Gianni Rodari
–Ten cuidado –le dice el pez grande al pez chico–, eso es un anzuelo. No lo muerdas.
–¿Por qué? –pregunta el pez chico.
–Por dos razones –responde el pez gordo–. La primera es que si lo muerdes, te pescan, te rebosan en harina y te fríen en la sartén. Después te comen, con dos hojitas de lechuga de guarnición.
–¡Ah! Muchas gracias. Me salvaste la vida. ¿Y la segunda razón?
–La segunda razón –dice el pez grande– es que te quiero comer yo.
En Cuentos escritos a máquina (Alfaguara).