
EL PROBLEMA DE LOS OSOS, Eduardo A. Gimenez
Los osos se fueron acomodando en la cueva. Había asamblea general. Al frente, sobre una roca, el Oso Ambicioso presidía la reunión. A su derecha y a su izquierda, sobre rocas más chicas, estaban
El Oso Ambicioso gruñó para aclararse la garganta.
—Como todos saben —dijo—, los osos tenemos un problema.
En la primera fila,
—Nuestros sabios antepasados —siguió el presidente—, el Oso Goloso y
Un poco apartada,
—Con el tiempo —dijo el Oso Ambicioso— las cosas empezaron a desmejorar. El Oso Bullicioso tuvo algunos contratiempos.
—Al mío lo quiero borrar de la existencia —rugió la Osa Furiosa.
—Pues los nuestros, sin embargo, son de gran valor —dijeron a coro el Oso Presuntuoso y el Oso Vanidoso.
—A mí me hicieron una verdadera chanchada —gruñó el Oso Asqueroso.
La Osa Temerosa pensó en comentar algo, pero no se atrevió.
El Oso Ambicioso pidió silencio, mientras a su derecha
—Debemos resolver el problema de los osos —dijo el Oso Ambicioso cuando pudo hacerse oír otra vez—. Y el motivo de esta asamblea es escuchar propuestas para lograrlo.
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